Nuestra realidad, una oportunidad para transformarnos
Para la mayoría de los docentes los únicos conocimientos que la escuela debe ofertar son los contenidos académicos de siempre, sabemos que este proceso abre paso lentamente y que parte de la necesidad de un modelo de enseñanza que responda a los profundos cambios sociales, culturales y económicos que se están produciendo en el contexto de nuestros alumnos. El enfoque actual es la enseñanza basada en las competencias para el pleno desarrollo personal, social y profesional de las personas. Cuando se habla de competencias cuando plantean la necesidad de “saber hacer”, saber dar respuestas a problemas nuevos extraídos de la realidad, en las competencias la ONU, la UNESCO, la OCDE, el Informe Delors que enfatiza la importancia de saber conocer, saber hacer, saber ser y saber convivir. Las competencias se reparten pues en tres grandes ámbitos: Conocimientos académicos tradicionales, pero para saber aplicarlos en situaciones nuevas; el saber hacer y saber emprender, como exigencias profesionales y el saber ser y convivir.
Para ello es necesario movilizar actitudes, habilidades y conocimientos al mismo tiempo y de forma interrelacionada. Trasladando la definición al ámbito educativo, tendremos que: “La competencia ha de identificar aquello que necesita cualquier persona para dar respuesta a los problemas a los que se enfrentará a lo largo de su vida. Por lo tanto competencia consistirá en la intervención eficaz en los diferentes ámbitos de la vida mediante acciones en las que se movilizan, al mismo tiempo y de manera interrelacionada, componentes actitudinales, procedimentales y conceptuales.” La competencia remite a la necesidad de intervenir ante una situación compleja y un contexto determinado, el término “competencia” representa una alternativa que supera dicotomías entre memorizar y comprender, conocimientos y habilidades, teoría y práctica.
Por otra parte, la persona debe ser competente para participar activamente en la transformación de la sociedad, con el objetivo de que sea cada vez más justa, solidaria y democrática; además el individuo deberá ser competente para relacionarse, comunicarse y vivir positivamente con los demás, cooperando y participando en todas las actividades humanas desde la comprensión, la tolerancia y la solidaridad; y deberá ser competente para ejercer de forma responsable y crítica la autonomía, la cooperación, la creatividad y la libertad, mediante el conocimiento y comprensión de sí mismo, de la sociedad y de la naturaleza en que vive; otro rasgo más es que debe ser competente para ejercer una tarea profesional adecuada a sus capacidades, a partir de los conocimientos y de las habilidades específicas de la profesión, de forma responsable, flexible y rigurosa, de manera que le permita satisfacer sus motivaciones y expectativas de desarrollo profesional y personal. Por ello se hace necesario que el docente identifique que competencias específicas se encuentran relacionadas directamente con los contenidos de aprendizaje. Después podremos establecer para cada competencia específica, los indicadores de logro que permitan identificar el grado de competencia adquirido sobre cada uno de los contenidos que la construyen. El proceso consistirá en dar respuesta a las preguntas siguientes:
¿Qué es necesario saber? (conocimientos, los contenidos conceptuales)
¿Qué se debe saber hacer? (habilidades, contenidos procedimentales)
¿Cómo se debe ser? (las actitudes, los contenidos actitudinales)
Pensemos en que el aprendizaje de las competencias es siempre funcional, debido que nuestra estructura cognoscitiva está configurada por una red de esquemas de conocimiento. Dichos esquemas se definen como las representaciones que una persona posee, en un momento dado de su existencia, sobre algún objeto de conocimiento. A lo largo de la vida, estos esquemas se revisan, se modifican, se vuelven más complejos y adaptados a la realidad y más ricos en relaciones. Si esto es así, cualquier nuevo aprendizaje deberá construirse desde los esquemas existentes. Ello conlleva la caracterización de los conocimientos previos, ya sean competencias o sus componentes, como punto de partida para los nuevos aprendizajes. El aprendizaje se produce cuando se establecen relaciones sustantivas y no arbitrarias entre lo que ya formaba parte de la estructura cognoscitiva del alumno y el nuevo contenido de aprendizaje, esto permitirá que los alumnos puedan actualizar sus esquemas de conocimiento, contrastarlos con lo que es nuevo, identificar similitudes y discrepancias e integrarlas en sus esquemas. Y dependen de las capacidades cognitiva de que dispone para dicho aprendizaje, es decir, de su nivel de desarrollo. Por ello es necesario de que este nuevo contenido le sea de interés, es decir, que el aprendiz le pueda atribuir sentido. Esta condición se cumple totalmente cuando este contenido es presentado desde su funcionalidad. Concepción especialmente adecuada cuando nos referimos a las competencias, ya que su característica esencial es la aplicabilidad de cada uno de sus componentes.
Para la mayoría de los docentes los únicos conocimientos que la escuela debe ofertar son los contenidos académicos de siempre, sabemos que este proceso abre paso lentamente y que parte de la necesidad de un modelo de enseñanza que responda a los profundos cambios sociales, culturales y económicos que se están produciendo en el contexto de nuestros alumnos. El enfoque actual es la enseñanza basada en las competencias para el pleno desarrollo personal, social y profesional de las personas. Cuando se habla de competencias cuando plantean la necesidad de “saber hacer”, saber dar respuestas a problemas nuevos extraídos de la realidad, en las competencias la ONU, la UNESCO, la OCDE, el Informe Delors que enfatiza la importancia de saber conocer, saber hacer, saber ser y saber convivir. Las competencias se reparten pues en tres grandes ámbitos: Conocimientos académicos tradicionales, pero para saber aplicarlos en situaciones nuevas; el saber hacer y saber emprender, como exigencias profesionales y el saber ser y convivir.
Para ello es necesario movilizar actitudes, habilidades y conocimientos al mismo tiempo y de forma interrelacionada. Trasladando la definición al ámbito educativo, tendremos que: “La competencia ha de identificar aquello que necesita cualquier persona para dar respuesta a los problemas a los que se enfrentará a lo largo de su vida. Por lo tanto competencia consistirá en la intervención eficaz en los diferentes ámbitos de la vida mediante acciones en las que se movilizan, al mismo tiempo y de manera interrelacionada, componentes actitudinales, procedimentales y conceptuales.” La competencia remite a la necesidad de intervenir ante una situación compleja y un contexto determinado, el término “competencia” representa una alternativa que supera dicotomías entre memorizar y comprender, conocimientos y habilidades, teoría y práctica.
Por otra parte, la persona debe ser competente para participar activamente en la transformación de la sociedad, con el objetivo de que sea cada vez más justa, solidaria y democrática; además el individuo deberá ser competente para relacionarse, comunicarse y vivir positivamente con los demás, cooperando y participando en todas las actividades humanas desde la comprensión, la tolerancia y la solidaridad; y deberá ser competente para ejercer de forma responsable y crítica la autonomía, la cooperación, la creatividad y la libertad, mediante el conocimiento y comprensión de sí mismo, de la sociedad y de la naturaleza en que vive; otro rasgo más es que debe ser competente para ejercer una tarea profesional adecuada a sus capacidades, a partir de los conocimientos y de las habilidades específicas de la profesión, de forma responsable, flexible y rigurosa, de manera que le permita satisfacer sus motivaciones y expectativas de desarrollo profesional y personal. Por ello se hace necesario que el docente identifique que competencias específicas se encuentran relacionadas directamente con los contenidos de aprendizaje. Después podremos establecer para cada competencia específica, los indicadores de logro que permitan identificar el grado de competencia adquirido sobre cada uno de los contenidos que la construyen. El proceso consistirá en dar respuesta a las preguntas siguientes:
¿Qué es necesario saber? (conocimientos, los contenidos conceptuales)
¿Qué se debe saber hacer? (habilidades, contenidos procedimentales)
¿Cómo se debe ser? (las actitudes, los contenidos actitudinales)
Pensemos en que el aprendizaje de las competencias es siempre funcional, debido que nuestra estructura cognoscitiva está configurada por una red de esquemas de conocimiento. Dichos esquemas se definen como las representaciones que una persona posee, en un momento dado de su existencia, sobre algún objeto de conocimiento. A lo largo de la vida, estos esquemas se revisan, se modifican, se vuelven más complejos y adaptados a la realidad y más ricos en relaciones. Si esto es así, cualquier nuevo aprendizaje deberá construirse desde los esquemas existentes. Ello conlleva la caracterización de los conocimientos previos, ya sean competencias o sus componentes, como punto de partida para los nuevos aprendizajes. El aprendizaje se produce cuando se establecen relaciones sustantivas y no arbitrarias entre lo que ya formaba parte de la estructura cognoscitiva del alumno y el nuevo contenido de aprendizaje, esto permitirá que los alumnos puedan actualizar sus esquemas de conocimiento, contrastarlos con lo que es nuevo, identificar similitudes y discrepancias e integrarlas en sus esquemas. Y dependen de las capacidades cognitiva de que dispone para dicho aprendizaje, es decir, de su nivel de desarrollo. Por ello es necesario de que este nuevo contenido le sea de interés, es decir, que el aprendiz le pueda atribuir sentido. Esta condición se cumple totalmente cuando este contenido es presentado desde su funcionalidad. Concepción especialmente adecuada cuando nos referimos a las competencias, ya que su característica esencial es la aplicabilidad de cada uno de sus componentes.
